El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible

martes, 7 de abril de 2009

A.A




Las fotografías de Ansel Adams suponen una reflexión visual sobre el paisaje dentro de la más pura “tradición” de la modernidad estética. La técnica fotográfica –el sistema de zonas- lleva a que el fotógrafo no se sitúe pasivamente frente a su motivo. En las tres fases de producción de la foto, el disparo, el negativo y la copia, el fotógrafo interviene activamente como un maestro de la exposición que permite que, por fin, la fotografía de paisaje supere el paradigma mimético. Curiosamente el resultado es una transposición fotográfica de la estética romántica al más puro estilo Caspar David F. Así Adams asciende paso a paso por los estratos estéticos de la modernidad, reproduciendo la dicotomía moderna entre lo bello y lo sublime, lo pequeño y lo grande, lo tierno y lo apabullante, la sutil gradación de grises en la cara de una hoja frente a un majestuoso contraste en los riscos de Yosemite.


A pesar de las objeciones de Cartier Bresson - “El mundo se está destruyendo y todo lo que Adams y Weston fotografían es piedras y árboles”- la obra de Adams han supuesto una schilleriana educación de la sensibilidad que ha hecho del paisaje un pilar fundamental del imaginario cultural y emotivo de EE.UU: sus fotos sirvieron como desencadenante de una conciencia ciudadana sobre el valor del paisaje que llevó a la creación de la famosa red de parques nacionales de Estado Unidos.




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