El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo invisible

sábado, 5 de junio de 2010

Weegee




Apolo y Dionisos, la luz y las sombras no son solo la planta noble y el sótano del espíritu humano. También las ciudades encierran esta dualidad. Si el París de Doisenau se contrapone a la noche de Brassai (sin que sus fotografías tengan significados completamente distintos) en el caso de Nueva York Weegee nos muestra con los fogonazos dionisiacos del flash de su cámara el lado oscuro de una ciudad pillada in fraganti.


La fotografía de Weegee es desvergonzadamente vouyerista e inintencionadamente artística. El público pide que el morbo y la curiosidad se sublimen en una imagen inofensiva que exima de toda responsabilidad al lector que accidentalmente la encuentra al ojear las páginas de una revista. Entre muchas cosas buscamos en la fotografía un catalogo visual de los siete pecados capitales, una especie de jardín de las delicias en el que reconocer los deslices, las contradicciones, las faltas del espíritu humano, es decir, nos permite disfrutar de una ración de sadismo bajo la apariencia de la buena conciencia. La fotografía de Weegee se recrea en lo indecoroso y sucio haciendo algo parecido a lo que hizo Diane Arbus, pero con más sentido del humor.

viernes, 2 de abril de 2010

Walker Evans




Walker Evans es un Flaubert de la fotografía. El propio fotógrafo señala su admiración por el escritor francés puesto que ambos comparten y parten de la vocación realista de su trabajo: "la no presencia del autor, la no-subjetividad. Esto se puede aplicar literalmente a la forma en la que quiero utilizar la cámara".

Como otros fotógrafos americanos de su generación Evans hace de sus fotos desilusionantes notas a pie de página del sueñó americano bajo una estética en la que el fotógrafo, como un perito o un topógrafo, se limita a registrar la miseria.

Tanto sus trabajos para la FSA (Farmer Security Administration) como en Let us now praise famous men divide el espacio en interiores y exteriores.

En su fotografía de interiores la pobreza es un mismo estado de las cosas y los espíritus, un problema moral para los sujetos y los objetos. Los suelos tarimados, las mecedoras, las estanterías y cada uno de sus objetos son la cosificación de un mismo sentimiento compartido por el motivo humano que aparece en la foto. Al igual que Flaubert Evans es un retratista de la escena.

Las fotografías de exteriores, estáticas, casi siempre de edificios, pequeños comercios, iglesias de madera, vallas publicitarias, etc, nos muestra que la civilización no es más que el intento por levantarse dos centímetros del soleado polvo del sur de Estados Unidos.

domingo, 31 de enero de 2010

"Chim"

La historia de Europa se podría narrar basándonos en las fotos de Capa, Cartier-Bresson y el otro gran magnumniano, David Seymour “Chim”.

David Seymour es un buen representante de una fotografía humanista que no renuncia ni a la verdad ni a la ternura, ni al dolor sin crueldad, ni a la sonrisa sin lucidez. “Children of Europe”, su trabajo sobre los efectos de la guerra en los niños es un documento que deja bien claro como los niños son la piel de la humanidad, el órgano más sensible en el que quedan grabados todos los estratos de la desolación y de la destrucción de la guerra.

La foto de Eleftería, una niña que en plena guerra civil griega disfruta de sus zapatos nuevos nos enseña que los niños son la no-guerra, el espíritu más fuerte en medio de la barbarie que nos permite concebir (y por supuesto, fotografiar) la esperanza.

martes, 26 de enero de 2010

Dorothea Lange


Cada época tiene su Pietà y la nuestra se la debemos a Dorothea Lange. Su mujer migrante es un paradigma de tristeza, pobreza y desolación plasmado de tal modo que el resultado permite, casi subraya, cierta dignidad y nobleza. Lange, fotógrafa de la Gran Depresión, no solo nos conmueve con su foto, sino también con su relato.

“Vi y me acerqué a la famélica y desesperada madre como atraída por un imán. No recuerdo cómo expliqué mi presencia o mi cámara a ella, pero recuerdo que ella no me hizo preguntas. No le pedí su nombre o su historia. Ella me dijo su edad, que tenía 32 años. Me dijo que habían vivido de vegetales fríos de los alrededores y pájaros que los niños mataban. Acababa de vender las llantas de su coche para comprar alimentos. Ahí estaba sentada reposando en la tienda con sus niños abrazados a ella y parecía saber que mi fotografía podría ayudarla y entonces me “ayudó. Había una cierta equidad en esto."

lunes, 18 de enero de 2010

William Eggleston


¿Por qué William Eggleston sacó la foto de un techo rojo? Podemos encontrar la respuesta en un texto de Santo Tomás en el que, tras enumerar la integridad y la proporción como ingredientes de la belleza el Santo nos dice: “Finalmente claridad o esplendor: de hecho consideramos bellas las cosas de colores nítidos o resplandecientes”



La primera vez que se ven las fotos de William Eggleston estas no nos dicen nada. El motivo en sí no es significativo, la composición es prácticamente nula. Solo queda el color. Éste para Eggleston es un ingrediente estético que se explica por sí mismo, un mensaje puro y directo que desplaza los elementos tradicionales sobre los que ha girado la fotografía en blanco y negro al afianzarse la película en color en la fotografía artística.



Ya que el color es omnipresente toda la materia es relevante, todas las individualidades no son más que las piezas de una vidriera gigantesca y cósmica que siempre será interesante para el fotótografo independientemente del punto de vista que elija. La cámara (usando el título de uno de los trabajos de Eggleston) es “democratic camera”, es un instrumento transparente y pasivo que registra el aspecto rutilante, resplandeciente y noble que todas las cosas, hasta un almodovariano techo, acreditan.

viernes, 8 de enero de 2010

Paul Strand.

Las cosas encierran una lógica propia que las emparenta, una forma de armonía que el fotógrafo tiene que saber captar. Así la composición es la destreza para llenar bellamente el espacio. Este no es una entidad puramente formal sino que es un cuerpo vivo que encierra todo un universo de significados. Cualquier espacio es así una forma de paisaje.

Fotografiar la realidad implica redefinir los límites de cada objeto teniendo en cuenta que el fragmento (la perspectiva, el punto de vista) no supone un reduccionismo sino un descubrimiento. La fotografía es el último paraíso de lo particular.

Paul Strand muestra en cada una de las fotografías un dominio magistral de la composición. Gracias a ella todas las cosas son bellas, el mundo es un museo oculto por la indiferencia o el aburrimiento visual. Solo hace falta un poco de ingenio para saber ver.































martes, 22 de diciembre de 2009

Edward Steichen.

En el empeño de que la fotografía se convirtiera en arte Steichen no contó con que sus imágenes provocaban una pregunta peculiar: “¿Pero son fotos?"





La textura del papel parecida a la del lienzo, la impresión de que sus fotos son dibujos al carbón, la creación de una atmósfera vaporosa en la que las líneas aparecen desdibujadas al más puro estilo impresionista, el hecho de que las copias aparezcan firmadas como si fueran pinturas lleva a desconfiar. Pero sí, son fotos.

Al reivindicar la fotografía como arte Steichen puso el acento en el carácter único e irrepetible que tiene toda obra de arte en un doble sentido: en primer lugar en su aspecto puramente numérico cada obra es un ejemplar único, y aquí la fotografía tiene que superar una dificultad relacionada con su propia esencia. Steichen lo consigue trabajando la copia de forma artesanal, añadiendo virados y veladuras para que se vea la huella de su creador de manera que cada foto es un acontecimiento. En segundo lugar, alejando a la fotografía de la mera reproducción pasiva de la realidad y convirtiéndola en un acontecimiento creador no de “imágenes de la realidad”, sino de “imágenes en la realidad”, es decir, nuevos sentidos paralelos y referidos al mundo pero que no son el mundo, un universo estético cerrado sobre sí mismo pero perfectamente comunicable.

Parezcan fotos o no, dejando de lado lo que ocurra entre bambalinas, cada una de sus imágenes son verdaderos ejemplos de estados de ánimo imprecisos pero lúcidos, insinuaciones visuales que despiertan en el espíritu toda la hueste de sentimientos que nos han proporcionado el Romanticismo y que hacen que las cosas sean bellas sin saber por qué.



¡¡Feliz Navidad Bloggeros!!!